Si la esencia de la economía romana fue la agricultura y el comercio, los otros soportes de su riqueza imprescindibles para el mantenimiento de su imperio, fueron la moneda y los impuestos. Ambos fueron otros de los grandes legados económicos que nos dejó la civilización romana.

Impuesrtos romanos

La moneda romana

El movimiento de mercancías por el Imperio romano era incesante y para que el comercio fuera fluido debía existir algo que pudiera ser utilizado como patrón para “medir” el valor de las cosas. En sus orígenes el comercio romano no precisaba de la utilización de la moneda, ya que se utilizaba comúnmente el trueque como medio para realizar las transacciones. Pero cuando Roma empezó a expandirse por Italia y a conquistar a otros pueblos, sobre todo a los griegos, se introdujo en un sistema de estados constituidos a la manera griega. Por lo que Roma adoptó el sistema monetario de los griegos.

Así, las primeras monedas romanas fueron de cobre, aunque su valor se medía con respecto al lingote de bronce (Aes) y tomaron el nombre de este metal, el “as” romano. Con sus monedas de cobre, el comercio romano muy pronto se extendió por todo el Lacio, por Etruria y llegó hasta el sur de Italia. Pero aquí a los romanos se les presentó un problema, ya que los griegos que estaban asentados en el sur de Italia utilizaban monedas de plata, así que tuvieron que realizar unos primitivos “tipos de cambio”.

Cuando Roma conquistó el sur de Italia y, con él, todas sus ciudades griegas, entre ellas, la actual Tarento, el Senado romano, no toleró la diversidad de monedas nada más que para las fracciones en grandes cantidades. Así se adoptó un tipo de moneda común para toda Italia y se centró su acuñación en Roma. Esta nueva moneda fue acuñada en plata y tuvo por base el valor legal relativo de los dos metales, es decir el tipo de cambio existente entre el bronce y la plata. Esta base fue la pieza de diez ases, ya que diez ases equivalían a una moneda de plata de Tarento. Y así, el nuevo “dinero” romano se denominó denarios en el que aparecía el símbolo X que significaba que tenía un valor equivalente a diez ases, es decir, que pesaba exactamente el peso establecido por ley.

Denario

Los ases de cobre no dejaron de existir. Los denarios se utilizaban sólo en las medianas y grandes transacciones, dejando el uso general del as de cobre para las pequeñas. Aunque pronto resultó evidente que el as era demasiado pequeño para dichas transacciones por lo que se acuñó otra moneda en plata. Esta moneda tenía menos cantidad de plata (pesaba menos) que el denario, a la que se llamó “sestercio”, equivaldría a ¼ de denario y a 2,5 ases. Es decir, el denario, la moneda principal, estaría dividida en cuatro sestercios y/o en diez ases.

Al igual que ocurrió con el sestercio, a la larga el estado romano se vio obligado a admitir la necesidad de otra moneda, en tiempos del emperador Nerón para que pudiera ser utilizada por el Estado en sus enormes transacciones, ya que el empleo de millones de denarios o sestercios era algo engorroso. Así se acuñó otra moneda, esta vez en oro. La aparición de esta moneda de oro hizo necesaria la especificación de denarius argentus para el denario original de plata y denarius aureus para el de oro, ya que así se llamaba esta nueva moneda, que fue acuñada con un peso equivalente a 1/40 de la libra romana (8,18 gr.). Un denario áureo equivalía a 25 denarios argénteos o a 100 sestercios de plata.

En definitiva, las principales monedas romanas que circularon por todo el Mediterráneo fueron:

1. El As acuñado en cobre.

2. El sestercio acuñado en plata.

3. El denario argentus acuñado en plata.

4. El denario aureus acuñado en oro.

Monedas romanas

Los impuestos romanos

El Estado, o el Imperio romano en su momento, necesitaba dinero para cubrir los gastos a cubrir las necesidades militares y abastecer a las legiones. Además, el gobierno de Roma tenía ciertos gastos como el mantenimiento de las termas, la distribución del agua, la policía urbana, la obra civil. Pero, aunque la escuela era una institución reconocida por el Estado, no era pública, por lo que el gobierno no se hacía cargo de su mantenimiento. Y la sanidad no existía como tal, había médicos, pero atendían a los enfermos en sus propios hogares y cobraban por los servicios prestados. Raramente el gobierno cubría los gastos sólo con los impuestos que cobraba, así que, cuando había que realizar grandes desembolsos, Roma recurría a la guerra para sacar un sustancioso botín de los países conquistados, que se utilizaba para cubrir los gastos restantes.

Uno de los primeros impuestos que se impusieron a los ciudadanos de Roma fue la Moenia. Este impuesto consistía en prestaciones en las fincas reales, en edificios de la ciudad y en obras públicas. Otro de los más antiguos fue el Sacramentum, que era pagado por la persona que perdía un juicio.

Roma era un conglomerado de gentes, por lo que se gravó un impuesto para los residentes en Roma que no poseían la ciudadanía romana, Incluso el pastoreo del ganado en los dominios de tierra pública estaba gravado mediante la Scriptura, la cual había que desembolsar. Y devengaba también el arriendo de tierras estatales mediante un impuesto llamado Vectigalia. Con el tiempo, algunos de los impuestos fueron desapareciendo, como la Moenia. Incluso los ciudadanos romanos tuvieron el privilegio de estar exentos de los impuestos directos.

Con el tiempo, la mayor parte de los impuestos la tuvieron que pagar los provincianos, que era en los que realmente se depositaban casi todas las contribuciones al fisco. En las provincias se establecieron dos clases de impuestos, un impuesto territorial y un impuesto por cabeza.

El impuesto territorial lo pagaban todos aquellos que eran propietarios de bienes raíces, todos los provincianos y todos los ciudadanos romanos que vivían fuera de Italia. Solamente estaban exentas de pagar este impuesto las ciudades que poseían el Ius Italicum, es decir, las ciudades de Italia. El impuesto por cabeza se gravaba sobre el capital y los bienes inmuebles y debían tributarlo los hombres y las mujeres, exceptuando los niños menores de doce años y los ancianos.
Impuestos romanos
Además, para las gentes de provincias se ampliaron los Vectigalia, que recogían, además del arriendo de tierras del Ager Publicus, algunos impuestos indirectos recaudados por compañías de publicanos, entre los que se encontraban los derechos de aduana, el impuesto sobre manumisiones o liberación de esclavos, el impuesto sobre la venta de esclavos y el impuesto sobre el transporte de grano. Todos estos impuestos indirectos eran recogidos por las ciudades, quienes lo enviaban a Roma.
También existían algunas tarifas en los puentes, en los pasos de montaña, y para la navegación fluvial que eran recogidos por publicanos y que engrosaban las arcas de las ciudades. Incluso se dispuso una tasa que gravaba el consumo de agua que traían los acueductos, que había que abonar cada vez que se sacaba agua de una fuente pública.

También había una serie de impuestos extraordinarios como las requisas  cobradas por la administración militar. Los ciudadanos de las provincias estaban obligados a aportar, entre otras cosas, una habitación temporal para los soldados (hasta que se construía el campamento estable); todo tipo de herramientas; leña, trigo y, en algunas ocasiones, los barcos de las poblaciones marítimas o de los puertos fluviales; los adinerados tampoco se libraban de las cargas, debiendo aportar esclavos, telas, cueros, plata y otros objetos de valor.

Durante un tiempo, el sistema de recaudación consistió en que se subastaban públicamente los contratos de recaudación de impuestos, y aquellas empresas privadas que ganaban avanzaban al Estado el total del impuesto que debían recaudar, las llamadas Publicani.  Con el tiempo, los multimillonarios vieron el negocio y se asociaron en empresas que incluso emitían acciones, celebraban juntas generales y elegían directores que lideraban el consejo de administración. Con el imperio y el gobierno de los césares esto cambió y se consiguió reducir la corrupción.

Sin duda, la capitación era uno de los impuestos romanos mas populares que englobaba varios tipos de tasas y variaba de una región a otra. Era de tipo personal e individual en las ciudades. En el ámbito rural era una base tributaria que servía para efectuar el cálculo del impuesto territorial.

La capitación era pagadera en especies, generalmente se recaudaba de manera trienal, y podía liquidarse en tres pagos. Era un impuesto sujeto a frecuentes desgravaciones, así como a exenciones para el personal militar. Fue desapareciendo de las ciudades, y hacia finales del siglo VI prácticamente solo la pagaban los campesinos libres, en su forma de impuesto territorial. La tendencia fue sustituir este impuesto, en su forma individual, por una vinculación vitalicia del colono a la tierra.

Imperio Romano

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