Si una civilización dejó huella en la historia, en todos los aspectos, fue sin duda, la del Imperio Romano. Como todas las economías de la época, su actividad se centró en la agricultura y el comercio. La explosión comercial, su expansión territorial y la Pax Romana, potenciaron su crecimiento imparable durante varios siglos.

 Rómulo, Remo y la loba.

La agricultura

Actividad muy bien considerada dentro de la sociedad romana, al contrario de lo que sucedía con la artesanía. En el origen, Roma, había sido una comunidad de pastores y agricultores, por lo que la tradición hacía de esta actividad una profesión casi sagrada. Los Patricios se dedicaban al cultivo de la tierra y al ganado. Los patricios eran propietarios de grandes haciendas cuyo mantenimiento y explotación recaía en la mano de obra esclava que vivía en estas fincas durante todo el año al cuidado de un capataz que, a su vez, era un esclavo de confianza del propietario. Estas enormes fincas producían todo tipo de alimentos.

Los frutos de la cosecha se trasladaban diariamente a su mercado y se vendían, ya que solían ser productos que se estropeaban con el paso del tiempo, tales como frutas, hortalizas y verduras frescas, que eran muy apreciadas por los habitantes de las grandes ciudades. Si la explotación agrícola se encontraba muy alejada de las urbes, los productos frescos eran utilizados para el consumo inmediato y trabajadores libres, y, en menor medida, por esclavos de la explotación. Los productos que se vendían en la ciudad eran los que no perecían con el paso del tiempo, tales como vino, uvas, aceite, aceitunas, trigo, cebada, avena etc., cultivos a los que se dedicaba la mayor cantidad de terreno para su producción.

Los campesinos libres que cultivaban su propia tierra con la ayuda de sus familias arrendaban parcelas a los Patricios a cambio de dinero o a cambio de pagos en especie, generalmente una fracción de la cosecha que el campesino producía.

La técnica que los romanos usaban al cultivar la tierra se ha mantenido hasta nuestros días. Se practicaba la rotación de dos hojas. Lo que no ha perdurado hasta hoy es la técnica que los romanos usaban para arar los campos. Los arados romanos eran muy ligeros, al ser de madera, no dejaban los característicos surcos que podemos observar hoy en día en las tierras aradas.

La vida del campesinado en tiempos de la Antigua Roma era muy dura y los campesinos solían vivir en condiciones muy humildes, rozando el umbral de la pobreza y no llegaban a percibir los mismos ingresos que un carpintero o que un alfarero que trabajara en la ciudad, ya que en ésta existía un grado de especialización que no se daba en el campo. Cuatro veces al mes, cada siete días, los campesinos libres detenían sus actividades y acudían a la ciudad a vender sus productos, a comprar simiente y utensilios variados e incluso a asistir al circo.

Lograron grandes avances tecnológicos, además de generalizar el arrendamiento de las parcelas de tierra promovieron el uso de molinos de agua y de viento para poder moler el grano. Inventaron una mejorada prensa de aceite, novedosas técnicas de regadío y generalizaron el uso de abonos y otros fertilizantes naturales.

Roma 5

La ciudad

El trabajo que se realizaba en las ciudades era muy distinto que el realizado en el campo. Para los romanos, el comercio y el trabajo manual no gozaban de gran consideración. Era normal dejarlo en manos de clases sociales inferiores, de extranjeros e incluso de esclavos. El Derecho romano permitía y promovía una considerable libertad de empresa y no penalizaba las operaciones comerciales. Este Derecho cuidaba del cumplimiento estricto de los contratos, de hacer respetar el derecho de propiedad privada y de llegar a un acuerdo rápido en las disputas.

El uso de los contratos era tan común como hoy en día. Los contratos que se realizaban con el Estado, generalmente de arrendamiento de tierras para el pasto del ganado, podían tener fiadores. También existían las Tabulae o contrato de esponsales. De los contratos se exigía su cumplimiento, que, de lo contrario, suponía el tener que pagar una indemnización por parte del infractor. También existían contratos para las ventas. Éstos se realizaban con la entrega del bien y el pago correspondiente ante testigos, siendo entonces una venta perfecta. Si se incumplían los términos, el infractor debía indemnizar a la otra parte como si le hubiera robado el bien. Incluso también se hacían contratos para el préstamo de dinero. El prestamista entregaba la suma de dinero al prestatario ante testigos, y este último tenía la obligación de devolver el capital más los intereses, un tanto por ciento anual. Si el prestatario no pagaba, el prestamista, después del obligado proceso judicial, podía desposeerle de todas sus propiedades para recuperar lo prestado, convertirle en esclavo suyo e incluso matarlo, aunque en tiempos más tardíos de la historia de Roma esta práctica cayó en desuso.

En las ciudades romanas existían numerosos talleres y “empresas”. Cada ciudadano, fuera libre o esclavo, desarrollaba una actividad, desde la manufactura y el comercio hasta las profesiones de maestro, banquero y arquitecto, aunque éstas últimas no tenían la misma consideración que se las da hoy en día. Tejedores, alfareros, zapateros, herreros, tintoreros, vidrieros, orfebres y más, ofrecían sus productos al público en el mismo lugar donde los fabricaban, atrayendo a los posibles compradores con toda suerte de artimañas y predicando a voces la excelencia de sus productos y lo irrisorio de sus precios. Toda calle romana era una ruidosa mezcla de gente, niños jugando, mendigos y comerciantes dando a conocer a voces sus productos, cada cual más alto para tapar a la competencia. Los más abundantes, y los que más vociferaban, eran los comerciantes de alimentos, y no existía lugar público donde no se les encontrara, al igual que a los traficantes de esclavos.

También las obras públicas movilizaban a infinidad de especialistas: albañiles, carpinteros, canteros, fontaneros, ingenieros, arquitectos. El Estado mantenía servicios públicos tan importantes como el abastecimiento de agua, los bomberos, las termas y los baños públicos donde la gente acudía regularmente a charlar y a divertirse, atendidas todas ellas por mano de obra esclava.

Roma 1

El comercio romano

Fue el motor que condujo a la economía Romana. La lengua, el latín, y las legiones fueron apoyadas por el comercio, siendo al mismo tiempo parte de su espina dorsal. Las legiones acabaron con la piratería y el bandidaje, que habían supuesto serias amenazas para el comercio.

Gracias a la denominada Pax Romana, el comercio se desarrolló en las condiciones más favorables, lo que provocó un espectacular crecimiento demográfico. Un aumento de la población suele producirse por un aumento en el nivel de vida de los ciudadanos. Según diversas estimaciones, la población del Imperio en tiempos de César oscilaba en torno a los 60 millones de personas. Parece probable que el número de habitantes del Imperio a la muerte de Marco Aurelio (180 d. C.), fuese, al menos, el doble que a la muerte de Julio César (44 a. C.). Estas cifras atestiguan, por sí solas, el espectacular aumento demográfico que se produjo, ya que en unos 224 años, la población del Imperio se multiplicó por dos. Y es muy probable que estas personas que habitaban el Imperio estuvieran en una situación económica superior a la de millones de personas, tanto de ámbito agrícola como urbano, de Asia, África y Sur América de hoy en día.

Generalmente, la vía de transporte más utilizada, a pesar de las famosas calzadas romanas, era el Mediterráneo, que se convirtió en la gran vía del tráfico comercial, con una prosperidad que nunca antes había alcanzado, que rara vez volvería a brillar con tanta luminosidad. El próspero comercio arrastraba consigo gentes, lenguas, costumbres, religiones y problemas de mil orígenes y naturalezas, convirtiendo a Roma en un foro internacional.

 Roma 6

Continuaremos con la economía en la antigua Roma en entradas posteriores en la sección de historia económica.

No olvide, también, que los Gestores Administrativos, como profesionales y expertos en la materia, estamos facultados para elaborar y presentar la documentación en nombre de terceros.

No te quedes con ninguna duda: consulta con tu gestor administrativo.