Contrastando a los diversos, estudios, autores e historiadores, la Revolución Industrial en España, se puede considerar como un proceso, lento y fracasado. Concretamente, no podemos hablar de Revolución Industrial en España real hasta el periodo comprendido entre los años 1.836 – 1.876, cuando en el resto de Europa habíamos hablado de finales del siglo XVIII.

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Características de la Revolución Industrial en España

Pero, ¿qué es lo que caracterizó este periodo en España?

  1. Escaso mercado nacional y sin el adecuado desarrollo de vías de comunicación.
  2. Escasa productividad de las manufacturas españolas, salvo en Cataluña.
  3. Escaso capital español para invertir. Hubo que recurrir a inversiones extranjeras.
  4. Desarrollo tardío de los transportes. El ferrocarril comenzó en 1.848.
  5. Desarrollo financiero a partir de la aparición de la peseta en 1.868.
  6. Un claro atraso en la agricultura, en cierta medida debido a la convivencia de latifundios y minifundios, a los que las desamortizaciones no acababan de regularizar su propiedad. Debido también al proteccionismo, a la mala calidad de la tierra, a las particulares condiciones climáticas de España y al atraso técnico.
  7. Poco aumento de la población debido a las altas tasas de mortalidad a pesar de las altas tasas de natalidad.
  8. Y en general, a un evidente atraso industrial.

Evolución de la Revolución Industrial en España

En este periodo de la historia de España, la industria se concentraba principalmente en Cataluña, Madrid y País Vasco. Además, en esta época se crearon algunas instituciones financieras, como los bancos modernos y la bolsa de Madrid.

Como ya hemos dicho la Revolución Industrial en España arrancó su progreso de la mano de la creciente industria textil catalana. Tomemos como dato que, entre 1836 y 1840, se importaron 1.229 máquinas a Cataluña, y hacia 1845 la utilización del vapor en la industria textil era algo habitual.

En 1848, fue inaugurada la primera vía férrea de España, el ferrocarril de Barcelona a Mataró, con un trayecto de más de 28 kilómetros. En 1847 había 28.000 telares y 97.000 obreros del ramo y desde entonces los números fueron creciendo, junto con la población de Barcelona, que en 1857 tenía 183.787 habitantes.

En el norte de España, por otro lado, comenzó a surgir aisladamente otra base de la industrialización, hornos siderúrgicos, con la fábrica de Trubia en 1840.

En cuanto a la minería, hasta 1839 ni siquiera existía alguna ley que regulara el aprovechamiento del subsuelo. A partir de entonces se constituyen numerosas sociedades mineras, en Cataluña sobre todo, pero la industria hullera continuó estancada, ya que la escasa siderurgia de entonces no utilizó carbón de piedra hasta 1848.

Vemos entonces, que a grandes rasgos, se produjo un largo período de estancamiento industrial, que coincide en la historia de España con el período absolutista de Fernando VII. Durante esta etapa apenas hay cambios apreciables en la economía española, aunque dicho período comienza a cambiar a partir de 1834, pero lenta y tímidamente. Comenzarían a aparecen en la periferia los primeros signos de industrialización, se elaborarán las primeras leyes desamortizadoras y comienza a moverse tímidamente el capital necesario.

Es ya a partir de 1850 cuando comienza a desarrollarse en España el proceso de revolución industrial, pero a diferencia de los países industriales europeos, en España este proceso no tiene el mismo significado. Tampoco la evolución política es paralela, mientras que 1848 es para toda Europa un año de revoluciones y triunfo total del liberalismo, en España es cuando se abre un período moderado hasta 1868 en donde no habrá revoluciones liberales.

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